A un mes y poco de las próximas elecciones, y con la campaña ya comenzada, nos volvemos a encontrar, como ciudadanos, inmersos en el Negocio de la (falsa) Democracia: muchos políticos con las bocas llenas de bonitas promesas ¿Es realmente todo tan honesto? De todos es sabido que no y en este país hay gran cantidad de ejemplos de corrupción en todos los niveles.
En los últimos dias nos hemos encontrado en los periódicos las noticias de los falsos eres en Andalucia o la inclusión de personas imputadas en las listas electorales del PP valenciano (entre otras listas de partidos de todos los colores).
La última vez que estuvimos de visita oficial por Vacarisses (el dia que presentamos las láminas de analisis) escuché al Sr. Atanasi comentar que aquel pueblo no era Marbella, y me dio por reirme (por lo bajo que no era plan de ofender a nadie). Para el que no la conozca, Marbella es una ciudad que tiene mucho más de lo que la gente ve en televisión, pero en este caso me itneresa remarcar la existencia de numerosas urbanizaciones dispersas con problemas de asfaltado, falta de aceras, problemas de saneamiento, problemas de incendio, etc. Exactamente igual que Vacarisses pero con mucha más población.
Como casi todos sabrán, en los últimos años Marbella también ha tenido mucha corrupción política (en la mayoría de los casos) relacionada con el urbanismo; no voy a adentrarme en si ese problema existe en Vacarisses (lo desconozco completamente), pero sí en por qué se ha dado esa circunstancia y en si podría darse en el pueblo.
La corrupción en Marbella es un claro ejemplo del Negocio de la (falsa) Democracia: llega a la ciudad un político con bonitas promesas con las que ganarse a un pueblo desencantado (elecciones de 1991, acceso al poder de Jesus Gil) que en la primera legislatura parece que cumple pero en los siguientes años, y acompañado de asesores (como el Sr. Roca, su mano derecha) se dedica a gestionar un lucrativo negocio urbanístico y de empresas municipales en las que colocar a los amigos o desviar dinero mediante falsas facturas, llegando incluso en 1998 a crear un PGOU a medida donde solo valía lo que ellos dijeran. Con el tiempo esta Sociedad de gestión municipal paralela llega a enraizar de tal forma en el pueblo que, cuando encarcelan en el año 2001 al Sr. Gil por el caso Camisetas, aparecen autobuses repletos de gente protestando delante de la carcel: todos trabajadores de Marbella que dependian directa o indirectamente del Sr. Gil para poder seguir llevando un pan a la mesa cada día. Durante años la gente se preguntaba que como era posible que se siguiera votando a estos políticos corruptos si todo iba tan mal; la respuesta es que los votantes estaban comprados, sin saberlo, con un puesto de trabajo.
¿Y que tiene que ver esto con Vacarisses? Nada.
O mucho. El mismo día que el Sr. Atanasi comentaba que Vacarisses no era Marbella, tenía sentado a mi lado al candidato de otro partido a la alcaldía que me dio su tarjeta para que le enviara toda la información que obtuvieramos (obviamente para aprovecharse de ella). Entiendo que el trabajo que está realizando el Sr. Atanasi debe ser democrático, limpio y con la colaboración de todas las personas; el urbanismo debe ser una herramienta social de cohesión de un pueblo, más en un caso de un pueblo tan pequeño y disperso como éste; por lo que la solicitud de este político, después de escuchar que Vacarisses no es Marbella, solo me ayudaba a ver mejor que si se parecen más de lo que la gente pueda pensar en un principio.
Oscar Sigüenza
Oscar Sigüenza
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