Creo apasionadamente en la importancia del sentimiento de ciudadanía como estímulo de vivacidad y humanidad. Este se manifiesta tanto en grandes operaciones ciudadanas a gran escala como en más espontáneas y reducidas que crean, conjuntamente, la rica diversidad de la vida urbana. Las ciudades siguen ejerciendo de imanes demográficos porque facilitan trabajo y son la base del desarrollo cultural. Son centros de comunicación y aprendizaje y de complejas estructuras comerciales, albergan densas concentraciones humanas y focalizan la energía física, creativa e intelectual. Son emplazamiento de actividades y funciones altamente diversificadas: exposiciones y manifestaciones, bares y catedrales, tiendas y auditorios. Me encanta su combinación de edades, razas, culturas y actividades, la mezcla de comunidad y anonimato, familiaridad y sorpresa, e incluso el sentido de peligrosa excitación que suscitan. Disfruto con los grandes espacios tanto como de la animación que aportan las terrazas de los cafés, la vivacidad de las plazas públicas, la variada mezcla de ámbitos laborales, tiendas y viviendas que componen barrios vivos.
Paseando por los grandes espacios públicos de Europa –la Galería Vittorio Emmanuele de Milán, las Ramblas de Barcelona, los parques de Londres o los barrios y plazas de tantas otras ciudades- me siento partícipe de la comunidad ciudadana. Los italianos tienen incluso una palabra que describe la disposición de hombres, mujeres y niños a relacionarse con el espacio público mientras rondan calles y plazas al atardecer: la passeggiata.
Una ciudadanía activa y una vida urbana vibrante son componentes esenciales de una buena ciudad y de su identidad cívica. Para recuperarlos allí donde se han perdido, cabe involucrar a los ciudadanos en el desarrollo de su propio medio: deben sentir que el espacio público les pertenece y es responsabilidad suya. Desde el callejón a la gran plaza, todos los espacios urbanos pertenecen al ciudadano y son de dominio público, una institución pública que, como tantas otras, puede promover o frustrar nuestra existencia urbana. El espacio público es el escenario de la cultura urbana, donde la ciudadanía se ejerce y donde se puede cohesionar una sociedad urbana.
Las ciudades reflejan los valores, el compromiso y la resolución de las sociedades que las envuelven. De ahí que el éxito de éstas dependa de sus habitantes, su gobierno y la prioridad que ambos otorguen a la consecución de un entorno urbano humanizado. Los atenienses de la antigua Grecia reconocían la importancia de su ciudad y el papel que jugaba el alentar la democracia moral e intelectual de su época. El ágora, los templos, el estadio, el teatro y los espacios públicos dispuestos entre aquellos, eran tanto la mayor expresión artística de la cultura helenística como el catalizador de su rico desarrollo humanista. El compromiso hacia la interdependencia de la forma construida y los ideales quedaba reflejado en el juramento prestado por los nuevos ciudadanos: “Dejaremos la ciudad mayor, mejor y más hermosa de como la heredamos”. La calidad del entorno define la propia calidad de vida para los ciudadanos, del mismo modo que la relación entre la ciudad y su armonía cívica es evidente.
Debemos, pues, desarrollar una nueva forma de ciudadanía que responda a las necesidades de la ciudad moderna. Para ello, cabe una mayor participación ciudadana y liderazgo más decidido. Involucrar a las comunidades en una participación con poder de decisión requiere que el entorno arquitectónico se convierta en asignatura educativa y forme parte importante de los planes de enseñanza. Enseñar a los niños acerca de su entorno urbano cotidiano les lleva a respetar e intentar mejorar su medio. De este modo, las ciudades se convierten en una herramienta necesaria, un laboratorio vivo para la educación. La sostenibilidad medioambiental debería configurarse como asignatura interdisciplinar entre el arte, la historia, la biología y la física. Por ello, debemos tener a disposición los fondos que permitan interesar e informar al público. Se debe enseñar conducta ciudadana a gente de todas las edades y, sobre todo, es importante escuchar lo que plantean. Buena parte de nuestra calidad de vida depende de esa tarea.
Richard Rogers
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada