Arquitectura Invisible (o lo que no es no tiene por qué no ser)
“Dice la verdad quien dice la sombra” Paul Celán
“El resto no es lo que sobra, sino lo que falta” Ángel González
La historia, y a la memoria suele sucederle lo mismo, posee una actitud irremediablemente selectiva que la vincula con una aparente linealidad. El pasado no es lo mismo que la historia del pasado (que se pretende posible) igual que la ciudad es más compleja que la suma de todas sus arquitecturas. En este sentido la arquitectura invisible es la arquitectura que no vemos, la que podría ser, la que ha sido y la que no es. La percepción del territorio en estos lugares cae en saco roto y los mecanismos de la memoria dejan de funcionar. Por definición esta arquitectura no se documenta ni se estudia, y si lo hacemos en estas líneas, es sólo desde la intuición de su existencia o desde la seguridad de que, los ejemplos que podríamos citar, no formarán en medida alguna parte de la memoria colectiva que construye la historia.
Existen espacios en la ciudad que son algo más que lugares deteriorados, infrautilizados, residuales o abandonados. Ignasi de Solá-Morales acuñó para ellos el término francés “terrain vague” y aún hoy resulta difícil nombrarlos tan ambigüa y certeramente con dos palabras. Terrain vague íntimamente unido a nuestra experiencia vital como individuos de una sociedad, en los territorios que hemos venido modificando durante siglos. Fuera de catálogos y de rutas y, sin embargo, dentro de nuestra red de movimiento: escenario olvidado de nuestro acontecimiento diario. Un compendio de todos ellos podría generar un nuevo tipo de mapa de la memoria donde se encontrarían, a nuestro juicio, las bases del supuesto azar que rige nuestras ciudades y un resumen de las posibilidades del porvenir. Sería un mapa con varias lecturas pues estos fragmentos de ciudad, decíamos, se explican insuficientemente sólo con herramientas gráficas igual que la belleza necesita de más de una obra de arte para ser transmitida. Para ello, en primer lugar, debemos sentar las bases que indiquen las características que debe poseer un espacio (arquitectónico) para incluirlo en una catalogación de arquitectura invisible. Un resumen podría ser:
- Debe tener potencialmente un importante valor para el conjunto urbano al que pertenece.
- No existe para ellos limitación de escala: desde habitaciones hasta grandes extensiones de territorio.
- Su ubicación es, únicamente, relevante.
- No debe usarse ni estar habitado: de hacerse debe ser de manera colateral,
infravalorada, inconsciente o sin apreciarse su utilidad.
- Debe ser una realidad física: de no serlo debe seguir ejerciendo evidente influencia en el momento actual.
- De pertenecer a la propiedad privada, esta característica debe ser trascendida (por su casuística, importancia ambiental, etc.) en su potencialidad.
Lo esencialmente importante, característica que debe ser común a cualquier Arquitectura invisible, es su posible significación, como se dice más arriba, el valor que culturalmente puede llegar a poseer para los ciudadanos, cualidad que añade incertidumbre al desarrollo urbano debido a que estos espacios son desapercibidos. En numerosas ocasiones, los artistas han encontrado en su obra
tiempo para señalar las cualidades no convencionales de esta Arquitectura; es, por ejemplo, el caso de los intersticios de Gordon Matta-Clark o sus trabajos sobre edificios abandonados.
Figura 1: Intervenciones en edificios abandonados (G. Matta-Clark)
En un mapa normalmente se describen los elementos que configuran el conjunto y se
evidencian aquellos que, por diferentes motivos, destacan en importancia sobre otros. Al estar seguros de que a la Arquitectura invisible (en el momento del tiempo en que lo es) se le desconocen los atributos que, posteriormente, la sabrán calificar, podemos afirmar que no aparecerá en ellos. Un anti-mapa sería, si así lo definimos, un lugar para no encontrar lo buscado y, por ejemplo, podría
contener la superposición de los espacios invisibles de manera inédita y como base de datos sobre la que posiblemente actuar: formaría una ciudad invisible o negativa o resto o sobra, germen de posibles estudios complementarios de dicho método de agrupación humana. Contendrían - convenientemente definidos- los espacios muertos entre las medianeras, los solares sin edificar, los edificios ruinosos, los espacios periféricos, las viviendas ilegales y, en fin, cualquier fragmento de ciudad que lo sea de manera no evidente.
Trascendiendo esta definición de los difusos límites de la Arquitectura, tendríamos que la Arquitectura Invisible sería aquello sobre lo que se sustenta una obra de arte pero, a la vez, ocurre o sucede desapercibido. Proponiendo ejemplos tenemos que para el arte abstracto sería el momento y la manera de la historia en el que ha sido concebida la obra, para una escultura el propio pedestal o la disposición (siempre de arriba-abajo) de la luz natural, para una performance el público a la que va dirigida, para una novela la papelera del autor, para el cine la sincronización entre el sonido y la imagen,… y así con todas las formas de expresión.
Figura 2: La arquitectura invisible del pífano (E. Manet)
Incluso existe arquitectura invisible dentro de la propia arquitectura y presumiblemente es ésta de la que se ocupan en buena medida los críticos de la misma (¿para qué trabajar sobre lo conocido, lo evidente, lo visible?). El regionalismo crítico sería la arquitectura invisible de un conjunto de procesos de proyectar, el minimalismo el lugar común de un modo de hacer, cuando se dice de un arquitecto que ha sido sensible a un lugar… ¿no se está coloreando un dibujo invisible?.
Centrémonos en un caso muy concreto de Arquitectura con mayúsculas para evidenciar lo que pretendemos transmitir, esto es, la base de la belleza que subyace por debajo de la inmediata materialidad que da forma a los espacios. Pongamos por ejemplo, decíamos, a la Row House de Tadao Ando, en un distrito algo caótico de Osaka.
Figura 3. Row House (T. Ando)
Lo que sostiene la casa y la eleva hasta alcanzar la categoría de objeto bello por supuesto no es una característica evidente, Ando ha construido con materiales del mundo físico una obra que, sin embargo, está fuera de Osaka y en su centro al mismo tiempo. Con una ejemplar actitud de renuncia toda la historia de la arquitectura puede gravitar en lo que le otorga carácter de patio a la segunda crujía de la vivienda que es, al mismo tiempo, parte de todas las estancias de la misma y recorrido obligatorio para cualquier usuario, la Arquitectura Invisible se define aquí como una característica: su inevitable presencia. Es imposible reproducir esta vivienda en otro lugar sin arrastrar todo el cielo de Osaka que actúa a modo de cubierta inclinada y de teja invisible.
Es en lo invisible de las ciudades donde encontramos la identificación arquitectura-ser humano de manera más nítida al ser éste el que le da la cualidad a aquella. De esta manera esta característica no deja de ser una excusa para abordar la comprensión y el estudio de la realidad construida desde una óptica distinta a las conocidas de manera que, del resultado, se extraigan nuevas conclusiones. La primera de ellas y más directa puede ser:
(o): existen otras ciudades, pero están en estas
(o): el pasado se encuentra en el presente
(o): lo que no es no tiene por qué no ser
aquí deixo l'enllaç de l'escrit .- http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/13905/1/C_AI.pdf
Lluís Marcet Salvador
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